"Septiembre 5": el cine y el periodismo se juntan en una obra maestra

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"Septiembre 5" es una obra que muestra al periodismo en la cara de la tragedia. Con tensión y adrenalina se relata un secuestro en las Olimpiadas de 1972.

Noe Ríos
Por Noe Ríos

"¿Qué tanto hay en juego cuando se prende una cámara?" esa es, sin dudas, una de las interrogantes más importantes que tiene cualquier periodista a la hora de contar una historia en televisión abierta, en especial cuando se trata de un acto terrorista. Y eso, además de algunas interrogantes que todavía siguen vigentes para cualquier comunicador, es lo que plantea "Septiembre 5", la nueva película de Paramount que estrena este jueves 27 de febrero en cines. Una obra maestra creada por el suizo Tim Fehlbaum quien se propone una ardua tarea: plantear un hecho histórico desde el punto de vista de una cadena de televisión.

Transcurría 1972 cuando todo comenzó: una barbarie que marcaría la historia de los Juegos Olímpicos, así como la de Alemania y la ABC. El país, que se recuperaba de un pasado oscuro, lleno de muertes y terrorismo, volvía a tener las olimpiadas en su suelo recibiendo, incluso, a equipos israelís repletos de judíos. Esto implicaba, tanto para el Gobierno alemán como para el mundo, ver la nueva cara de este país que había sido territorio Nazi en el 36. Es más, por eso, debían ser los Juegos de la Serenidad más que olímpicos, pero la atención del mundo en suelo alemán, así como los primeros días de la tele a color fueron lo suficientemente atractivos para el grupo terrorista: Septiembre Negro.

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Una historia de terror que no solamente fue verdadera, sino que fue transmitida en vivo por la ABC. ¿Qué pasa cuando el equipo de deportes debe hacerse cargo de una noticia que atañe al mundo entero? Las disyuntivas son grandes: cuánto se puede mostrar, cuánto se puede perder, cómo llamar a los atacantes y cuánta compasión tenerles. Una constante presión que el equipo de dicha cadena vivió en 1972, pero que, a pesar del trágico final supo marcar un hito en la historia de la televisión.

Todavía no había amanecido y la villa olímpica parecía tranquila, los atletas dormían o regresaban alegres de alguna celebración, los corresponsables descansaban para las jornadas próximas, las autoridades locales esperaban que ese evento deportivo confirmara al mundo la imagen de una nueva Alemania después del Holocausto. Pero en ese momento ocho miembros armados de Septiembre Negro treparon la valla perimetral de la villa, entraron en el edificio donde se alojaba la selección israelí y tomaron once prisioneros dejando un saldo de dos muertos. Esos fueron los hechos, los que están documentados, los que se transmitieron en vivo a todo el mundo.

En tanto, ABC se encontraba en frente, a una distancia de tan solo 50mts, eran los únicos que tenían la posibilidad de subirse a un tejado, infiltrar a periodistas en la Villa Olímpica y mostrar cosas inéditas. Para esto, Tim Fehlbaum tenía una sola tarea y lo logró: hacer un espectáculo cinematográfico que, de principio a fin, haga explotar esa tensión. Además, claro, si hay algo a tener en cuenta es que el suizo tuvo la clara consciencia de cómo fue registrado el material de archivo y qué responsabilidad ética implicó ponerlo al aire ante millones de personas.

septiembre 5

La de Fehlbaum fue una mirada que fue mucho más allá. Encontró la forma de retratar todos los hechos detrás de una lente, con una cobertura mediática que estaba sucediendo mientras, en realidad, la prensa internacional esperaba que suceda algo semejante. Es que, Alemania como anfitrión e Israel compitiendo con equipo de atletas suponía una connotación mundial importante. Todos los ojos estaban establecidos allí, todos esperaban una reconciliación, un camino posible hacia la paz. Pero Septiembre Negro tenía una clara intención de continuar con la lucha tiñendo de oscuridad todas las ilusiones, aunque también empujando a la prensa a una disyuntiva que continúa hoy en día: ¿cuánto se pelea por la cobertura inmediata sin medir el impacto de la historia que se está contando? ¿Es imprescindible anteponer la primicia ante un acto de terrorismo semejante? Y esta es una pregunta que, debo admitir, me hago incluso siendo periodista porque la moralidad del periodismo siempre tiene que estar intacta.

Pero, si hay algo que también tiene "Septiembre 5", más allá de su historia y su formato de narración que, por cierto, gracias a esto está nominada al Oscar como "mejor guion original", es su estética visual. Creo que uno de los puntos fundamentales para poder adentrarte en un acto repleto de tensión, incertidumbre y conocer, incluso desde lo más profundo, la maldad de cada corazón, es imprescindible lo que sucede a nivel visual. La sala de operaciones donde vemos al equipo de la ABC Sports es el único espacio en la película y eso lo hace aún más maravilloso, porque no se corre ni busca la lujuria en otros costados superficiales que, probablemente, podían arruinar el clímax en el que entra el largometraje cuando se hace público el ataque.

Un retrato perfecto de cómo es un programa en vivo: monitores con el registro de las cámaras, equipos de sonido que deben ajustarse con operadores, sonidistas, la encargada de los créditos en las imágenes entrando y saliendo mientras los teléfonos suenan sin parar aumentando así más la tensión de un equipo que está a punto de pasar las horas más temibles, irracionales e históricas de su vida. Y todo, claro, llevado a la pantalla grande en una imagen que corresponde a 1972: poca nitidez, trajes holgados, teléfonos de cable, walkie talkies más grandes que las manos de uno, televisores de tubo e, incluso, créditos hechos a mano con cámaras que todavía tienen rollos.

A todo esto, por supuesto, se suma un equipo de profesionales que saben trabajar en equipo, incluso cuando nadie en el canal consigue creer en ellos solo por ser los de deportes y tener un escándalo de talla mundial. Arledge quien defiende el profesionalismo de su equipo y la autoridad para cubrir la noticia y Bader, el representante de la voz de la conciencia. A ellos se suma el corresponsal Peter Jennings (Benjamin Walker), titular de la primera oficina de la ABC en Oriente Medio.

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No obstante, ante ellos, se anteponen las figuras de Geoffrey Mason, interpretado por John Magaro, un productor que asume la responsabilidad de la cobertura deportiva antes de que la Villa Olímpica sea atacada, así como Marianne Gebhardt quien es personificada por Leonie Benesch. Ella es una traductora alemana, todavía conflictuada por la historia de nazismo en su país y quien, al ser la única que habla el idioma, se pone la noticia al hombro para construir algo claro y conciso sin amedrentar ni lastimar lo que verdaderamente sucede. Ellos construyen, en base a lo que se está viviendo, la ética a la hora de concebir una noticia y difundirla al mundo.

En "Septiembre 5", definitivamente hay honestidad, compromiso y precisión tanto narrativa como histórica y cinematográficamente hablando. Un escape de la zona de confrot de cualquier fanático del cine con una dinámica que el director consiguió marcar a la hora de poner al frente a dos personajes que soportan todo tipo de tensiones: incluso la de dos jefes que no saben hacer más que luchar por sus propios egos. Ellos son los que están al frente de la conciencia, cuando deben medir el peso de cada decisión, la euforia del triunfo o la desazón por la derrota. Sin dudas, una unión periodística y cinematográfica que marca la diferencia de las dos versiones que había previas de esta historia: el documental de Kevin Mcdonald, One Day in September (1999), y en la ficción de Steven Spielberg, el tenso thriller de espías, Múnich (2005).

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